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Xenotrasplante: células porcinas y nuevas posibilidades en terapia celular

Foto del escritor: vitecell
vitecell
8 ago
6 min de lectura

Actualizado: 10 ago

La investigación en xenotrasplante con células de origen porcino abrió nuevas posibilidades para explorar alternativas ante la limitada disponibilidad de donantes humanos y comprender mejor el potencial de la terapia celular.


Xenotrasplante con células porcinas e investigación en terapia celular

La medicina de trasplantes enfrenta desde hace décadas un desafío fundamental: la necesidad de células, tejidos y órganos supera ampliamente la disponibilidad de donantes humanos. Esta realidad ha impulsado la investigación de nuevas fuentes biológicas capaces de proporcionar alternativas para determinadas aplicaciones terapéuticas.


Entre ellas se encuentra el xenotrasplante, un campo que estudia la posibilidad de utilizar células, tejidos u órganos procedentes de una especie diferente a la del receptor.


Los Hôpitaux universitaires de Genève (HUG) han formado parte de esta historia a través de investigaciones relacionadas con células pancreáticas y hepáticas de origen porcino. El trabajo desarrollado durante décadas por equipos especializados permitió explorar cómo estas células podrían utilizarse y, sobre todo, cómo superar uno de sus mayores desafíos: la respuesta del sistema inmunológico.


¿Qué es el xenotrasplante?


El término xenotrasplante describe el trasplante de células, tejidos u órganos entre especies diferentes.


A diferencia de un trasplante convencional entre seres humanos, esta estrategia busca ampliar las posibles fuentes de material biológico disponible. El cerdo ha sido uno de los animales más estudiados para este propósito debido a determinadas similitudes fisiológicas con el ser humano y a la posibilidad de obtener tejidos bajo condiciones controladas.


La relación entre el cerdo y la medicina humana no es nueva. Durante gran parte del siglo XX, por ejemplo, la insulina de origen porcino fue utilizada para el tratamiento de la diabetes debido a su gran similitud estructural con la insulina humana.


Con el desarrollo de la biología celular y la medicina de trasplantes, la investigación comenzó a plantear una posibilidad diferente: utilizar directamente células pancreáticas porcinas capaces de producir insulina.


Los islotes de Langerhans y la diabetes


Dentro del páncreas existen pequeñas agrupaciones de células conocidas como islotes de Langerhans.

Entre las células que los conforman se encuentran las células beta, responsables de producir insulina y fundamentales para la regulación de la glucosa en sangre.


En determinadas formas de diabetes, la pérdida o alteración de esta función hace necesario administrar insulina para mantener un adecuado control de la glucosa.


El trasplante de islotes pancreáticos humanos surgió como una estrategia para intentar recuperar la producción de insulina mediante células funcionales procedentes de un donante.


Los equipos de los HUG desarrollaron una importante experiencia en este campo. En 1992 se estableció en Ginebra un laboratorio especializado en el aislamiento y trasplante de islotes pancreáticos, que posteriormente se convertiría en uno de los centros con mayor experiencia en este procedimiento.


Sin embargo, incluso con los avances alcanzados, permanecía una limitación fundamental: la disponibilidad de donantes humanos.


¿Por qué estudiar células de origen porcino?


La diferencia entre el número de personas que podrían beneficiarse de determinadas terapias celulares y la cantidad de tejidos humanos disponibles impulsó la búsqueda de fuentes alternativas.


Los islotes pancreáticos porcinos despertaron especial interés por diferentes razones. Además de las similitudes entre la insulina porcina y humana, los animales pueden criarse bajo condiciones específicas y proporcionar una fuente potencialmente más amplia de células para investigación y trasplante.


Los profesores Leo Bühler y Philippe Morel, cirujanos vinculados a los HUG, participaron durante años en investigaciones relacionadas con el xenotrasplante y el uso de células porcinas.


El objetivo no consistía únicamente en demostrar que estas células podían desarrollar una función determinada. También era necesario resolver una dificultad mucho más compleja: cómo conseguir que sobrevivieran dentro de un organismo humano sin ser destruidas por su sistema inmunológico.


El desafío del rechazo inmunológico


El sistema inmunológico tiene la capacidad de reconocer células y estructuras que no pertenecen al propio organismo. Esta función es indispensable para nuestra protección, pero representa una barrera fundamental cuando se intenta realizar un trasplante.


El desafío es aún mayor cuando las células proceden de otra especie.


Para abordar este problema, investigadores de los HUG colaboraron con equipos de la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL) en el desarrollo de sistemas capaces de encapsular islotes pancreáticos porcinos mediante materiales biocompatibles.


La idea de la encapsulación celular es crear una barrera física alrededor de las células trasplantadas que limite el contacto directo con determinados componentes del sistema inmunológico.


Pero esta barrera debe cumplir una condición esencial: proteger sin aislar completamente.


Encapsulación: proteger las células y mantener su función


Una célula necesita recibir constantemente oxígeno y nutrientes para sobrevivir. En el caso de los islotes pancreáticos, además, la insulina producida debe poder salir hacia el organismo.


Por ello, los materiales utilizados para encapsular las células deben permitir el paso de moléculas esenciales mientras limitan el contacto celular que puede contribuir al rechazo inmunológico.


Este equilibrio representa uno de los grandes desafíos de la ingeniería aplicada al trasplante celular.


Los primeros sistemas también revelaron una dificultad adicional: el organismo podía reaccionar frente al propio material de encapsulación y formar tejido cicatricial a su alrededor. Con el tiempo, esta respuesta podía limitar el intercambio de oxígeno y nutrientes y comprometer la supervivencia de las células encapsuladas.


La colaboración entre los equipos de Ginebra y la EPFL buscó desarrollar polímeros cada vez más biocompatibles, capaces de reducir estas limitaciones y mejorar las condiciones alrededor de las células trasplantadas.


Células porcinas y regeneración hepática


La investigación con células porcinas no se limitó al páncreas. Otro de los campos estudiados fue su posible utilización como soporte en situaciones de insuficiencia hepática aguda.


El hígado posee una característica extraordinaria: una notable capacidad natural de regeneración. Sin embargo, cuando su función se deteriora rápidamente, el tiempo disponible para encontrar un órgano adecuado para trasplante puede ser limitado.


A partir de esta realidad surgió la posibilidad de investigar si células hepáticas de origen porcino podían proporcionar un soporte temporal mientras el hígado del paciente recuperaba parte de su función o se encontraba un órgano disponible.


Los equipos de los HUG trabajaron en este campo y mantuvieron conversaciones con Swissmedic, la autoridad suiza responsable de los productos terapéuticos, para explorar los requisitos necesarios para futuros estudios clínicos.


Estos trabajos formaron parte de una línea experimental destinada a comprender hasta dónde podía llegar el potencial del xenotrasplante celular.


Bioseguridad: un componente esencial


Trabajar con células procedentes de otra especie implica desafíos que van más allá del rechazo inmunológico.


La bioseguridad es un elemento fundamental. Los animales destinados a investigación en xenotrasplante deben mantenerse bajo condiciones sanitarias estrictamente controladas para reducir el riesgo de transmisión de agentes infecciosos.


En el proyecto desarrollado en Ginebra se contempló la utilización de animales criados en condiciones controladas y libres de determinados patógenos, así como instalaciones específicamente preparadas para este tipo de investigación.


Esta dimensión demuestra que el desarrollo de una terapia celular no depende únicamente de las características de las células. Requiere integrar inmunología, microbiología, cirugía, bioingeniería, regulación y control de calidad.


Una investigación que amplió las fronteras de la terapia celular


El trabajo desarrollado en torno al xenotrasplante muestra cómo la medicina celular ha avanzado a través de la integración de múltiples disciplinas.


Los islotes pancreáticos demostraron el potencial de utilizar grupos de células especializadas para recuperar determinadas funciones. La escasez de donantes llevó a investigar fuentes de origen animal. El rechazo inmunológico impulsó el desarrollo de técnicas de encapsulación y nuevos biomateriales. Y la necesidad de garantizar la seguridad introdujo estándares cada vez más exigentes para la selección y manejo de los animales utilizados.


Cada desafío abrió una nueva pregunta científica.


La investigación descrita por los equipos de Ginebra forma parte de esta evolución y refleja una idea fundamental de la medicina celular: comprender una célula también significa comprender el entorno que necesita para sobrevivir, funcionar e interactuar con el organismo.


La innovación comienza en la célula


El xenotrasplante pertenece a un campo diferente de las Terapias de Renovación Celular. Sin embargo, ambos reflejan el creciente interés científico por comprender las células, sus funciones y la relación que mantienen con los tejidos y órganos que conforman.


En vitecell, acercamos este conocimiento como parte de una visión que reconoce a la célula como punto de partida para comprender la complejidad del organismo y cómo campos como el xenotrasplante y la terapia celular amplían las posibilidades de la investigación en salud.


Conocer cómo avanza la ciencia celular también nos permite entender mejor las posibilidades y los desafíos que definirán el futuro de la medicina.


vitecell

vitalidad celular, belleza interior.

 
 
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